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domingo, 11 de diciembre de 2011

a william blake

Entre las piedras amarillentas y frías en el ardiente camino, el punto a y el punto b, jamás comprobados, se estiran entre la suela del pie a y del pie b, entre las piedras, que amarillean suelas, falanges, y demás tormentos como la nicotina de los dedos del cinéfilo voraz. Y del más profundo y atroz dolor nace el segundo que recordarás toda la vida. Y si el segundo es medianamente estético recuerda que un manto, de forma tríptica, azul, negro, gris, lo envolverá y acunará sus amplios lamentos en una fina capa de pan de oro. Y te lo dejará ver, por momentos y así te hará sentir el frío del invierno y el calor del día de tu agonizante final.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Poned a Hank Williams

En cuanto al sistema, los hechos y todo eso.
No estoy de acuerdo en casi nada, ante un SÍ, siempre hay un NO,  ya no estoy de vuestro lado, no creo en dios ni en la podredumbre de la fe ni el fondo monetario internacional, ¿de verdad existe, creéis que existe un edificio que tenga un cartel de oro que rece eso: "Fondo monetario Internacional"? 
No puedo apreciar ni uno de vuestros trabajos en el jardín porque he acabado demasiado involucrado con los hierbajos y no veo verdad en otra cosa, porque dedicándome a los amaneceres no puedo lograr la comunión con el misterio de andar sobre el agua, abrir cuevas después de muerto, la hora de comer y la sobremesa y todas esas cosas que hacéis a mis espaldas. Como cantaba Hank Williams: "Tienes que haber olido un montón de estiércol para cantar como un palurdo". 
Yo ya he hecho mis votos y estoy de acuerdo con la catástrofe, la asumo y me retiro, estoy ya derrotado y el viento sigue pasando por encima de mi casa.

"Jamás follaremos, jamás hablaremos, la ilimitada tarde gris apoya por igual a todas sus criaturas" (L.Cohen)

domingo, 13 de noviembre de 2011

El hombre delgado

El hombre delgado que por el lado izquierdo le pasan las personas conocidas sin rozarle aparentemente, que por el lado derecho le resoplan las desconocidas, claramente en contacto quasi violento. Encima, la parábola del infinito trazada velozmente por dos golondrinos, uno tuerto de un ojo, otro tuerto de un ala. Debajo el hombre gordo, entre conocido y reconocido, subido quasi de puntillas sobre una esfera perfecta de dorada luz y negro equipaje, que le impide subir y bajar. El hombre delgado no piensa en quedarse y su cabeza se tiñe de huecos de golondrino, por la derecha el viento es tan violento que sus ojos son inservibles, por la izquierda nadie le tiende la mano y ya le están empezando a desaparecer las rodillas, fruto de la gula del gordo, pero no piensa en quedarse, porque eso es de cobardes. El hombre delgado no lo es. Y no saldrá de casa ningún veinte de noviembre de ningún año, de aquí hasta que el gordo explote.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Extractor de humos

Que todo permanezca, en un sitio equiparable al vacío de un vaso con un mechero dentro. Quieto.
Que nada se entremezcle con la cristiandad de un vaso de vino picado y un pan tostado en aceite.
Que no vuelvas a llamar si no tienes nada que decir, por que sólo el hecho de callar es más peligroso.
Que el extracto de mi vena aorta no luzca más allá de mi casa, que mi perra y yo seamos felices, porque para eso hemos resucitado.
Que no deje de llover y no haya días más buenos, que me quede como estoy y me corten el teléfono.
Que no tengo vecinos y a fuerza lo que tengo es un enjambre de cucarachas pateándome el estómago y que no me dejan dejar de fumar.

lunes, 31 de octubre de 2011

Giacometti, Brel y toda esa mierda.

En una extrañeza que de gatos se tiñe, como los sacos hondos donde guardas todas tus pertenencias, cuando pasas la tarde y la noche del principio de todos los días con Mathilde de Brel en la cabeza y la punta de los labios, siempre parada en el mismo punto que juras conocer a la perfección y que nunca consigues recordar. Parece que nunca está empezando, que siempre se permanece, ni empezamos ni finalizamos, somos los Giacomettis, los inacabados inempezados, un bosque de figuras aupadas en pedestales, separadas por la estructura que se adivina jaulesca y que luce un escaparate infiel a la libertad. Un saco de arena, ahora sin tus pertenencias, cuál es el principio y cuál es el final, qué grano el uno, qué grano el infinito. Como un espejo en el que se reflejaron todas las incertidumbres del siglo XX salivo y me preparo otra vez (ahora sí, malditos) a cantar a todo pulmón y poner la boca rancia de Brel, pero nunca es el comienzo y sí el intermedio o centro, depende del compañero que te preste su oído. Me siento en ese momento como aquel que fue expulsado del grupo de los surrealistas, qué trágico suceso y qué arrojo realista, aferrado tal vez a la locura le dio pie a ser el cáncer de un grupo de locos.

domingo, 23 de octubre de 2011

Alberto y la tormenta matutina

Antes era muy viejo pero soy más joven ahora.
Nunca fui agraciado en nada que no tuviera un significado inútil. Podría tener una habilidad extrema para hacer trucos de magia y hacer aparecer y desaparecer objetos, hasta incluso personas. Podría haber mantenido firme la trayectoria y tener un puesto en correos como dios manda, hacer feliz a mi madre y no buscar en mis bolsillos para daos otra colección de miserables y estúpidas canciones y esperar, esperar, esperar... Pero no, quería que mis sentidos enloquecieran y ver amaneceres y anocheceres sin descanso, ir más allá de lo que fue nadie y descubrir el cómo y el porqué y empeñarme en hacerlo yo también, al menos con la dignidad que lo hicieron ellos. Cohen, Waits, Kerouac, Ginsberg, Ray Charles, Richard Manuel, Beethoven, Glenn Gould, Albert Caraco, Bukowski... Camus decía que cuando sólo fuera un escritor, dejaría de ser escritor. Yo ahora sé que sólo soy una cosa, que ahora no tiene nombre para mi, ni siento la intención de nombrarla, algo en lo que he empleado toda mi vida y que moriré haciendo. Pero si Alberto tenía razón, ahora mismo no soy nada, porque sólo soy algo y eso es triste, algo en lo que ya casi nadie cree.
¿Sólo algo o sólo nada?. 
¡Alberto hijo de puta!

miércoles, 5 de octubre de 2011

De Granada y bichos

Demasiado tuvieron que cargar los gatos con todas esas historias sobre el diablo, luego la divinidad y cuando los momificaban y demás. Ahora cualquier colectivo salvaje de gatos es un rollo parecido a las SS. Sabéis lo de las ballenas, al parecer saben cuándo van a morir y buscan su lugar para tal fin, algo parecido pasa con los elefantes. Y esos insectos despreciables que, tras aparearse se deslizan sobre un narcótico sentimiento cuyo fin es morirse, así, como suena, morirse. Luego están los destinados a morir en las fauces de los más solitarios asesinos a sueldo, son como ejercicios de entrenamiento para, después de una siesta entre árboles, analizar cada una de las flaquezas del desgraciado y pulir el ataque, refinarlo y limpiarlo de impurezas y todo eso.
Algo parecido sucede en esta ciudad en la que el destino me trajo. Estamos tan acorralados y perseguidos, que casi siempre me siento hijo del mismísimo demonio, o una gorda ballena que ya vislumbra su cuna de sal, arena y algas podridas.

lunes, 8 de agosto de 2011

Principio de negatividad

La negativa de la bondad o el estremecimiento erróneo de un abrazo, una mueca a un espejo lleno de polvo o el más leve movimiento de una sonrisa en negativo puede hacer de mí el hombre más triste del mundo y en esas anda el pobre hombre que soy, en nunca sentirse así.

domingo, 19 de junio de 2011

Cuando vinieron...

Cuando llegaron no era un día demasiado extraño, tan solo, por resaltar algo, encontré más suciedad de lo habitual en la mirada del panadero o más pesadez. Hice todo tal cual lo había hecho muchos días atrás. Despertar, paseo, café, piano, ya sabéis... Hice un recorrido infantil por algunos años pasados de mi vida, eché de menos, me alegré de perder algunas cosas, recapacité y me puse a prueba, nada raro, nada que no fuera habitual. Abrí el libro por la misma página y sólo leí lo que estaba anotado en la página ciento catorce creo que cinco años atrás, recordé el día que entré a la librería, (era la hora en la que debía estar en clase de contrapunto, que no se dedicaba a enseñar a coser nada excepto voces, líneas melódicas con reglas a cada tiempo, divertido cuando tienes soltura, horrible si no la consigues) con una lista de libros que le di con urgencia al señor librero, le pregunté si me los podía conseguir. Sí. Perfecto. Leí algo, sobrellevé la mañana lo mejor que pude, con demasiada autoestima, si me permiten decirlo. Me preparé otro café y volví a pensar en la gente que están obligados a dejarlo por problemas cardíacos o de tensión, no sé. Hice una llamada, borré un número de teléfono, cuarenta y cinco mails de publicidad de cremas protectoras y me fumé otro cigarro. Entonces, cuando empezaba el día a enredarse de nuevo y a no tener un final claro, vinieron a por mí, sin dar explicación me arrastraron del cuello y me patearon, nunca hablaban, sólo empezaron a arrastrarme calle abajo hasta los pies de un hombre parecido a mí, vestido de negro, manchado, con más años que yo y más vida que yo, que decía conocerme pero que no tenía nada contra mí, que incluso hasta me quería, que todo eso lo hacía por mí. Retrocedió dos pasos y me tendió la mano, me abrazó y al oído, con voz fría y como predicando: "El tiempo se pasa volando".

martes, 14 de junio de 2011

Zeit zur zeit

Retroceder dos pasos, como la torre se defiende, es dejarse vencer más tarde, un poco más tarde. No saltar al blanco, obviar la claridad, ese es el peligro, esa es la última jugada. Delante tuya, un borracho, de victoria, detrás tuya, el abismo, infinitos vientos que te llevarán a la muerte por aburrimiento. Puedes dudar por los tiempos de los tiempos, disimular haciendo gestos que los demás crean involuntarios y recuperar tu forma normal para así volver a dudar y darle tiempo al tiempo y más importancia de la que se merece. Cambiar los blancos por negros, darle la vuelta a la reina y meterte bajo la mesa a coger colillas y encenderlas más tarde, un poco más tarde. Respirar profundamente y saber que no hay victoria, que el borracho se está riendo y que tú no estás borracho, estás demasiado sobrio como para que te duela, y te va a doler, te va a doler. Retrocedes dos pasos, al negro, nunca al blanco, alargando la agonía hasta que en un golpe de suerte mueras sin sufrir.

jueves, 26 de mayo de 2011

Siempre puede pasar algo

Hoy, 
en casa, 
después de una mañana cubierta de todo tipo de despropósitos, 
entre tormentosa y amable,
con un cielo dedicado casi exclusivamente a la monotonía del gris azulado de los mejores días del invierno y los peores del verano más prometedor, 
he abierto una cerveza, 
encendido un cigarro del peor tabaco del mundo 
y descansado sobre la silla de mimbre que aparece en cualquier postal andaluza carente de estilo. 
Mirando 
entre los barrotes 
he clavado mi vista en un nudo de cables caprichosos, 
sobre los que no pondría jamás mi mano, 
he creído que alguien me observaba 
y prestaba atención al nudo de palabras que rondaba desde mi cabeza hasta mi lengua.
Balbuceando, 
"siempre puede pasar algo", 
en ese momento, 
un señor con sombrero rojo y pies creo descalzos admiraba la belleza de esta ciudad, 
hoy desagradecida para mí, 
y retomando una frase que, 
tal vez, 
empezara a recitar al entrar en mi calle ha exclamado, 
no creo en prácticamente nada!" 
y reía, 
reía como el puto diablo reirá cuando nos vea entrar uno a uno en su agujero.
He comprobado que la llave de casa estaba bien echada, 
he adoptado la postura de 
Cash 
en 
su 
famosa fotografía, 
he pensado en ti, 
y le he dicho que tiene razón, 
pero que hace varios días que no comparto su opinión.
Apurada la cerveza me he dispuesto a escribir.

martes, 17 de mayo de 2011

... a propósito...

Ya estuve en el barco abandonado, viendo navegar atunes bajo mis pies en un naufragio de manual. Con la yema de unos dedos de uñas maltratadas, doloridas, acariciaba el lomo del tiburón y nunca me importó.
Con ropa medio podrida tapé el agujero, el abismo que me llevaba al otro lugar, solo para salvarme. Y mal salvado, siempre quise estar donde no era habitual y no existiera la cadencia perfecta, donde todas las obras terminaban sin rastro de la tónica. Donde estaba penada la vida recta.
Y cuando vuelvo a ver el hueco intento de nuevo la huída, aunque vuelva a estar ardiendo, aunque sepa que vaya a consumirme.

miércoles, 27 de abril de 2011

y todo, poco a poco, se desvanece (como las estrellas)

Acariciaba a duras penas la ilusión de que uno siempre hace lo correcto y avanza, en su paso por un entorno medianamente amable, de una forma lo más honesta posible. Solo quería irme de casa y vivir la vida que no encontraba a mi alrededor. Lo que hice es algo que no puedo volver a hacer y el ir y venir del sistema solar y las desapariciones de las estrellas me dan la razón a cada milésima de segundo, a cada milésima de milésima de segundo. He visto caer a más de uno que alguna vez llamé amigo por que se creyó la absurda ideología del sexo, drogas y rock and roll, y solo queríamos sobrellevar las semanas lo mejor posible tocando cada martes por la noche en el garaje grasiento de alguna de nuestras familias. Huí de casa como un conejo cuando escucha un ruido amenazador, yo escuché mi futuro y huí cual conejo despavorido. Me podrían dar al menos un trofeo cuando, sin querer, hundo ilusiones que se crean alrededor de mí. Y sí, creo que todo no es tan fácil y que es más difícil de lo que pensamos. Al menos hoy. Solo quería tener un grupo de rock and roll y tocar por ahí y también emborracharme y componer mis canciones y dar casi la vida por ellas, porque es en lo único que creo. Solo quería ser feliz tocando mis canciones. Solo quería vivir haciendo eso. Solo quería ser feliz. Y hacer canciones. Solo eso...

martes, 12 de abril de 2011

La distancia entre A y B

Las distancias no son tan grandes como para perecer en la huida. Es más, nunca son demasiado grandes si de lo que tratas es de huir. Los días sí son largos cuando lo único que haces es odiar todo lo que estás haciendo. Las canciones no son ni demasiado largas, ni demasiado cortas porque no sé para qué valen, si es que valen para algo. La soledad no es triste si la utilizas para estar contigo y llegar a reconocerte, desayunas solo, comes solo, duermes solo, vives solo, ríes solo, lloras solo. Pero "solo" no es una palabra triste, los poetas románticos estropearon el significado de hermosura de la palabra soledad. Un piano no vale tanto dinero, un piano acústico, con cola, pedales y todas esas cosas que tiene, lo que vale dinero es el transporte, demasiado dinero. El transcurso de una idea desde que se presenta hasta que la materializas es lo realmente importante, que se haga real o no, no importa tanto. El transcurso es lo que tiene un gramo de realidad, lo demás da igual. Las distancias no son grandes, siempre son demasiado cortas cuando lo que quieres hacer es desaparecer de una vez y comenzar, simplemente comenzar a ser otra vez.

miércoles, 9 de marzo de 2011

El hilo, el gato, la suerte y el caos.

Cuando despertamos, entre mis ojos y los tuyos desafiaba a la gravedad un hilo firme, de proporciones minúsculas, un hilo de trozos de otros hilos, que a la historia de una más que cardíaca vida se abalanzó.
Cuando el tedio condujo mis entradas en puertas de aspecto desafiante, el gato, el símbolo de todo lo malo que está por pasar, lamió mi arteria aorta y sedujo a la cara opuesta de la hoja, la del lacrado firme. 
Cuando la inminente tormenta amenazaba la cima del tejado con un profético viento endemoniado apareció la idea de un sol radiante y libre, "la suerte anda cerca", repetían los titulares del periódico que sólo tiene un abonado y una tirada bastante escasa.
Cuando la vida habla, el caos ordenado es el más probable de tus vecinos, al que con cuidado debes tratar de saludar cada mañana para que no venga a reclamarte daños de los que no eres el responsable.
Pero el hilo es tenso entre tus ojos y los míos, el gato tiene la cola rota y no sabe a donde va, la suerte siempre es la suerte y al caos aprendí a domesticarlo con granos de predeterminación avanzada. 

viernes, 4 de marzo de 2011

Take me back

Hoy me he encontrado a un hombre en el trayecto que separa mi trabajo de mi casa. Tenía la voz quebrada y un sombrero de pana fina. Sus zapatos eran de un verde pálido. Un chaquetón largo para cubrirse del horrible frío que azota esta ciudad desde hace unos días le resguardaba. Yo caminaba mirando al suelo para no perderme y fumaba de lo que quedaba en mis bolsillos, iba tarareando Take me back de Randy Newman y al cruzarme con el hombre de los zapatos verdes he sentido que me cogía del brazo. 

¿Me das de fumar? 
... sí, toma, lo iba tirar...
Gracias, muchacho. Me dijo mientras se levantaba su sombrero de un solo lado.

Me ha contado que tenía una casa un poco más arriba y que estaba de obras, que tal vez la tendría lista para finales de verano. 

¿Tú eres el músico?
... sí, eso dicen ...
Te he visto por ahí arriba con un perro.
... es una perra ...
Yo antes era músico.
... ¿antes?, ¿cuándo dejaste de serlo?...
Creo que cuando me di cuenta de que no lo era.

Un coche pasó a toda velocidad y tuvimos que apartarnos para no pasar a mejor vida. Me dio de fumar.
Tras el humo...

¿Tienes comida?
... tengo comida en casa, encima no llevo nada...
Llevo toda la tarde buscando pasteles, quiero llevarme una tarta a casa. ¿Sabes, hoy es mi cumpleaños?
... felicidades, yo tengo velas que juntas suman quinientos años, así que si no tienes...
Velas tengo, de lo que carezco es de pasteles.

Le he invitado a entrar a casa y le he ofrecido una tableta de chocolate con almendras. Me ha contado que tuvo una novia china y que harto de sopa de aleta de tiburón la denunció en comisaría. Ahora está solo en su casa patas arriba.
Le he echado elegantemente, y al despedirse me ha dado las gracias por el chocolate mientras empezaba a abrirlo con las manos. He tenido una extraña sensación al notar que ya no volvería a ver a ese tipo, y creer que en realidad no tenía a donde ir, pero sí un chocolate que degustar.
He cenado, he visto una película y me he dado cuenta de que ahora estoy cumpliendo un año más, como el tío del sombrero de pana fina. Iba a celebrarlo pero me he quedado sin chocolate. Ahora me voy a dormir pensando en tus palabras. "Caminando en alguna dirección, no sé si equivocada", y como te he dicho, serás más feliz que yo, de eso estoy seguro.

jueves, 24 de febrero de 2011

Pantomimas

Está claro, si tienes una pistola es porque en algún momento has querido usarla. Recuerdo a los chicos en las mañanas de los sábados contándome a quién se habían tirado la noche anterior. Yo escuchaba sin mucha atención y en un despiste del narrador sacaba de mi bolsa mi pequeña moleskine, donde anotaba frases que creí haber leído en algún libro de esos que te marcan la adolescencia, como: "Si yo hubiera pasado la noche con esa chica no estaría ahora disparando al aire" Pensaba en Nico, de la Velvet Underground, cantando: "Si no me dejas ser tus ojos y tu mano en la oscuridad, entonces no tendrás miedo" Me gustaba mucho Lou Reed, pero estaba enamorado de Nico. Puede que tenga una pistola por algún lado, porque también creo, a veces, que he vivido más vidas de la que vivo ahora, creo que es un error del cerebro, todo tiene su respuesta en la ciencia. Hace bastantes años escribí un poema que decía: "Tengo un arma en mis manos, como queriendo matar recuerdos" Creo que estaba bien, ya no sé donde está o no lo recuerdo. Pero esa frase era buena. Siempre he defendido la utópica ley de que todos deberíamos tener un día en la vida en el que estuviéramos libre de cualquier delito y hacer lo que nos diera la gana, incluso utilizar tu arma, si la encuentras. Sería de lo más emocionante, ¿verdad? Y seguro que habría mucha más gente feliz, feliz por quitarse de en medio a tantos infelices. Espero que no se haga real mi ley porque yo podría caer el primero. Recuerdo a una chica hablándome del tiempo, del paso del tiempo. Odio eso, no creáis en el paso del tiempo, es infantil. Hazlo todo cuando sientas la necesidad  de hacerlo y no mires el reloj. Yo por mí nací ayer y moriré pasado mañana. Y ya está. Las cosas que no hacemos porque ya es demasiado tarde o ya pasó su momento y toda esa mierda son las cosas que nos comen por dentro y que nos van deshaciendo el corazón y la cabeza. ¿Habéis visto El club de los poetas muertos? es una peli bastante infantil pero te llena el espíritu. Leed On the road y sentiréis ganas de coger un coche y largaos bien lejos, si es que estáis vivos. Yo vivo en lo alto de la montaña, soy el amo de todos los perros callejeros y ahora les estoy leyendo pasajes de la biblia para que la destruyan y se hagan libres y dejen de seguirme. 




lunes, 21 de febrero de 2011

Principio de composición algorítmica

Yo, el centro del tablero de ajedrez de Marcel Duchamp y John Cage, el tierra de nadie, el que entre batallas anota en la libreta de composición algorítmica que el principio es más claro que el final. El ruido constante del alfil blanco a caballo negro hace que preste más atención a todo lo que sucede alrededor que a la inevitable sangría que está a punto de formarse. La suma de notas azarosas es un enjambre de dudas, quizá resueltas desde el mismo instante en que fueron presentadas ante un manojo de posibilidades, tal vez infinitas en el mundo del azar controlado. En el centro yo, a un lado Duchamp con su esposa, al otro Cage, fumándose un puro y respondiendo a preguntas que desconoce y cuyas respuestas lee de su libreta, hace meses anotadas, en un orden que el I Ching le manifestó como el real en el momento de plantearlas. Soy afortunado al estar o creer que estuve en ese tablero entre la gran batalla que duró días. El ruido es ensordecedor a medida que la partida avanza con cierto orden, con cierto desorden. El alfil cayó, varios peones, la estrategia del caballo que sólo tiene como meta acabar con otro caballo es emocionante. Yo, ¿en qué recuadro estoy?, el centro no es perfecto, así que espero que ellos me puedan despejar la duda, la verdad ante tantas posibilidades, la mentira predeterminada, el interrogante de un estado variable e impredecible. En la libreta de composición algorítmica anoto lo real y lo más interesante, lo cambiante, lo que sucede. A mí también me gustaría estar fumándome un puro y hacer historia, ¿a ti no? Yo, que en el centro del universo ando, sin el menor rastro de narcisismo, sin espejo, con las manos en los bolsillos porque corro el riesgo de equivocarme ante tanta posibilidad, mejor estar quieto, atento y con un buen puro que pueda disfrutar viendo la belleza del desmorone, la utilidad del desorden. Guiño un ojo a Duchamp, le mando un beso de mariposa a su mujer, le pido fuego a Cage, respiro y admiro la belleza de lo insoportable de este momento único. Anoto en mi libreta de composición algorítmica que tengo dudas de estar en el tablero, de que aquel sea Duchamp, de que su mujer sea una mujer, de que el tipo del puro sea Cage y no un banquero, y de que yo, sea quien sea, esté seguro de ser yo. 

miércoles, 19 de enero de 2011

Fin de temporada

La noche en que el salitre me pareció más asqueroso que nunca (odio la playa) no era temporada alta. Yo había cambiado las cuerdas de mi guitarra hacía dos días (estuve ahorrando para comprarme esa guitarra casi un año) y al volver de la playa parecían cordones de zapatos. Reconozco que fumé como un auténtico hijo de puta y bebí tantas cervezas como me fue posible (es el lujo, a parte de ganar pasta por un tubo, que tenemos los músicos, el beber de gratis en los conciertos). Sobre las cuatro de la mañana, todo me parecía una mierda más de lo habitual y mi desgana por seguir la línea trazada se acentuó hasta el infinito. Tú merodeabas por allí, tu noche. Una de tantas. Y bien merecida, por supuesto. Yo salí del garito con mi guitarra a cuestas y me acomodé cerca de una chumbera descuidada, balbuceando. Nos metimos en un coche, volvíamos a casa (la casa que abandoné hace varios meses). Aposté por el riesgo, qué bien, y cogí tu mano en el trayecto. Te quedaste en casa, bebimos de una botella medio vacía que andaba entre las obras completas de Kafka (regalo de una de las pocas personas que echo mucho de menos). Las cajas de las pertenencias de mi ex rondaban todavía por la casa, la que había sido de los dos durante cinco años. Y me preguntabas y te respondía. Te fuiste. Volviste. Y te quedaste. Durante meses fuiste absolutamente el centro de mi pensamiento, te bombardeé el móvil con mensajes de ganas de volver a verte. Algunas respuestas, no muchas. Te volví a ver pasado bastante tiempo (en otro garito, apestado de estrellas de rock), pero ya eras otra y yo otro, aunque con coletazos de lo que fui. Ahora básicamente me importa una mierda mi pasado emocional. Pero sigo deseando que tu vida sea un camino de rosas frescas. Te hice una canción, sobre un tipo dentro de una ballena, ese tipo soy yo. No he cambiado ni una sola frase de las que escribí en ese momento. Ahora que lo pienso, creo que todas las canciones que hice desde ese día son para ti.

P.d.: Te mandaré la canción.
P.d.(2): Te mandaré las canciones.
P.d.(3): Bueno, no sé, creo que no.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Palabras

Hay veces que las palabras no son más que palabras, inútiles gorgoritos y barrocos sonidos, palabras extrañas que sólo adornan el viento y lo moldean de forma preciosista. Palabras que llegan a nuestros oídos contaminándolos de esperanza. Palabras, solo palabras, giros melódicos que si no los oyéramos, lo único que percibiríamos es el ritmo gutural de un caballo vomitando. "Solo nos quedan las palabras", dicen algunos profetas, pero parad un momento a descubrir a Albert Caraco, él pensaba como yo. Las palabras son sólo palabras y al final no sirven de nada. Por eso qué guardarse, porqué acumular melodías, porqué no adornar la mañana con palabras si al fin y al cabo no tienen importancia. Me pregunto y me respondo. Arrepientete, pobre mortal, de que tu garganta no sepa de otras doctrinas y no actúe fisicamentee en lo que debería provocar cierta palabra. Por eso escribo, para que mis palabas, al leerlas, sean ponunciadas por otra persona que no sea yo y así me quite la gran responsaibilidad que conllevan, y las grandes mentiras. Por eso hago canciones, para dotarlas de otro significado, para dejar algo más que escombros, para enmarcar el cuadro que te llevarás a casa y que no te comerás.
Perdón.