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sábado, 6 de agosto de 2011

Die Änderung kommt

Hoy al despertar, después de por fin dormir, tenía una sensación entre extraña y radicalmente orgullosa. En mi habitación no hay ventanas ni sol. Todo se centraba en mis manos, al decir "mis manos" no pienso en ellas como forma o parte de mi cuerpo, sino en la metáfora. Razono sobre la idea de la posesión espiritual, no es un rollo zen ni nada de eso. He abierto el agua y tenía la sensación de no necesitarla, he ido a mi habitáculo que hace las veces de armario y he sentido que no necesito nada de lo que hay allí. Incluso ni guitarras ni pianos, ni música, ni libros. Es más importante la idea de saber que forman parte de ti a ver que ocupan huecos, más que los que ocupas tú. He despertado con la sensación de felicidad más grande que se presentó frente a mí en varios años. Pesadilleaba con peces muertos y serpientes y martirios, con nidos de abejas sobrevolando mi cabeza, con partes de mi cuerpo que se iban pudriendo y cayendo a una velocidad aterradora sin que a nadie le impresionara. Pero eso está pasado de moda. Ahora sueño. Tengo en "mis manos" razones para sentir que no somos parte de ellos aunque no tengamos la necesidad de autodestruirnos para tener la sensación de ser nosotros mismos. La vida, hermanos, es pura literatura, novelizar vuestra existencia. Tú no estás loca, ni yo estoy loco, es posible que seamos las personas más cuerdas que pisan el planeta. Para respirar entre la lluvia primero has tenido que estar calado hasta los huesos, saber lo que es la lluvia y el barrizal y así podrás ignorarla completamente porque siempre habrá fuego y calor y un bizcocho. Tengo los ojos como platos para ver todos tus movimientos al llegar. Llega el cambio. Y hay una sinfonía increíblemente hermosa que no voy a escribir porque nadie la entendería, pero que tararearé para ti cada mañana.

domingo, 31 de julio de 2011

Vuelvo a Granada... (cantando)

Vuelvo a mi casa, necesito sentirme en casa.
En treinta días solo he estado cinco de ellos en mi casa y creedme, necesito llegar.
Quiero sentarme en la misma silla durante un tiempo, hacer la comida en el mismo fuego, emborracharme en el mismo bar.
Vuelvo con cierta energía diferente, claro, a la que dejé en la ciudad.
Cuando uno no hace casi nada durante la mayor parte del tiempo, excepto pelearse con palabras y enlaces armónicos de lo más insostenibles, lo que necesita es volver a su cueva.
En fin, toda esta mierda que acabo de escribir es un telón que al abrirlo descubrirá que vuelvo a mi casa a seguir esperando a que todo suceda y a maldecir cuando no es así.

miércoles, 20 de julio de 2011

...siempre hacía frío... (cantando)

Bien, recorrí el país por los bordes. 
Imagino que para reconocerlo mejor o para no perderme pero eso nunca fue elección mía y, si lo hubiera sido, nunca podría haber tenido ninguna razón para elegir una u otra opción. El fin del recorrido fue como reconocer la verdad de las promesas y de las cosas que nunca se escriben y que son siempre reales. Como volver a tener fe en pequeñas y grandes cosas, como dar tres pasos y no uno. El frío se acumulaba en mis huesos, esos que ahora me avisan de algo que no sé qué es con un dolor intenso en el costado, tal vez echan de menos el frío, lo mismo que yo. Quiero taparme los pies con una manta, que llueva afuera, que me vuelva a quejar del frío, comer queso y huevos y que para ti siga siendo verano mientras me aprieto la manta al cuerpo. 
Bien, recorrí el país por los bordes hasta el mar.
No quise reconocer nada en el trayecto de vuelta porque me iba a impresionar la distancia y todas las cosas que quedan en medio y que no quiero conocer. Mientras pensaba que mi muerte iba a ser inminente, una azafata me ofrecía un cigarrillo electrónico y un set de maquillaje en oferta. A mi lado, un matrimonio mal avenido cuyo miembro varón se acababa, creo, de tomar algunos gin tonics, me miraba con sorpresa cuando miraba al suelo y me cogía con pavor al asiento de enfrente. Hice un recorrido mental de todos los objetos, de los cuadros, de la cocina, del sofá, de la cama, de tu guitarra, de los sitios secretos... y sin darme cuenta pisé tierra firme. Treinta y siete grados me esperaban con los brazos abiertos. Empecé a odiar a los empleados de todos los servicios públicos, al sol, al asfalto, a la mayoría de caras que me cruzaba. Busqué tabaco, no lo encontré y salí al infierno a pedir un cigarrillo antes de coger el autobús loco, pero me cuesta pedir tabaco a la gente que no conozco y así me quedé con las ganas, debería tener un cigarrillo electrónico, pensé. De vuelta a casa, dos mujeres alegres y salerosas a las cuales les importaba una mierda molestar o no a todos los que no éramos ellas, me deleitaron durante dos horas, con el volumen del Iphone a tope, con los grandes éxitos de Andy y Lucas, Los Rebujitos y la puta madre que los parió. Abrí la puerta de casa, el frigorífico en busca de una cerveza fría y me saludó una media cebolla y una jarra de agua fría. No deshice la maleta porque en el fondo todavía no quiera llegar. Me sentí extraño en mi propia casa durante unas horas, me costaba trabajo saber donde estaban las cosas, los vasos, los platos pequeños...no quería estar aquí, no quería volver...me pongo triste muy a menudo y echo de menos como nunca...así no es la vida y los kilómetros no son kilómetros...ahora leo poesía gallega fingiendo que lo entiendo todo y crece con violencia mi deseo de doblar este puto país para que caigas sobre mí y luego soltarlo de golpe a ver si se hunde...

martes, 28 de junio de 2011

Ganando terreno... (cantando)

"He comprendido que hay dos verdades, 
de las cuales una jamás debe ser dicha"
Albert  Camus

Y qué sucede, si uno guarda y guarda, reprime, decide que nunca más pero ciertas horas después vuelve a recaer, qué pasa si quieres darle la vuelta al mundo y es él el que te la da a ti, si escondido no funciona la rueda, si todo se sucede al final con una monotonía aplastante y nada es lo que quieres. Qué sucede si tú estás aquí y lo que quieres no está aquí, si alguna vez vas a tocarlo, lo observas, lo saboreas y ciertas horas después lo vuelves a perder otra vez, será como estar y no estar, como recurrir a la misma página del libro y ciertas horas después volver a releerla para poder seguir avanzando y que después vuelves a releer y así hasta que alguna vez puedas dilucidar de alguna manera de qué puede ir la historia que intentan contarte.
Qué sucedería si entre tú y lo que quieres pudieras construir un camino (de baldosas amarillas como en el Mago de Oz) que llegara hasta la misma puerta de tu casa e intentaras convencerla para que poco a poco se sienta más aquí que allí, y si no le gusta tu casa construyes una nueva donde se sienta mejor que en ningún sitio y tú nunca más estés aquí y quieras estar allí, así de fácil.
Qué pasaría si de las dos verdades dijera las dos, es decir, si no dijera una nada más pensando que hay otra que está ganando terreno y que esa es la que debes decir. 
Qué sucede si los días no son más que un estorbo, una desazón, una pesadez, qué pudiera jugar a la Oca con los días, ahora en este, ahora en el otro, dos días sin jugar, empezar cada vez que te diera la gana, acabar todas las veces que quisiera.
Qué pasaría si, sin miedo, dijera que todo cuanto tengo es por querer compartirlo con lo que no está aquí, si dijera que construiría el camino más grande del mundo para que sólo se tuviera que deslizar y "voilá", nunca irse más. 

lunes, 9 de mayo de 2011

... el tiempo se pasa volando ... (cantando)

Escucho en mis cascos la quinta sinfonía de Mahler. Me fumo el último cigarro de un paquete al que vuelvo a jurar que será el último. Y pienso. He dejado de lado cosas fascinantes y en el silencio de mi casa llego al arrepentimiento justo antes del sueño. Siento que tengo tantas cosas por hacer que me olvido de lo que debería haber hecho con lo que tenía delante. Y Mahler ayuda, ayuda a la desesperación. Solo quiero leer los libros que nunca podré leer y me entristece enormemente no poder llegar a leerlos y si los leo, llegar a comprenderlos. Creo que no te volveré a llamar, lo siento. No volveré a hacerlo. Debería haber estado al lado de otras personas y ahora es el momento de saldar mi deuda estando solo. Soy el puto hombre de hojalata, el brillante hombre de hojalata. Mahler es un genio. El bueno de Mahler. Cuando deseaba que estuvieras a mi lado no te quisiste acercar y por eso también cumplo la condena autoimpuesta. A alguien le dije una vez que he vivido más cosas de las que recuerdo pero, alguna vez tendría que recordarlas.  Soy el jodido hombre de hojalata que escucha Mahler un domingo por la noche sin haber cenado y que va a dormir más solo que la una. 

lunes, 20 de septiembre de 2010

... y tú partirás... (cantando)

Recuerdo que nunca me causaron mucha ilusión los veranos. No los creía llegar con las mismas ganas que los demás, con los planes, las playas y toda esa mierda. Daba la casualidad de que la estación más esperada por la mayor parte de la civilización era la etapa más fría, para mí, de todo el año. Siempre se presentaban los cambios importantes en esa época. No hablo de cambios triviales y superficiales, sino de cambios importantes. No recuerdo ningún verano en el que haya estado a la altura de las circunstancias, siempre los recuerdo aburridos, muy aburridos, (hay días que rompen esa rutina, obviamente, pero no sé si esos días son totalmente reales, me refiero a los conciertos o las grabaciones o las cosas que realmente te hacen sentir vivo de alguna manera... Ya sabes, me sigo preguntando si realmente sirve para algo formar parte de una cierta irrealidad que te empeñas en convertir en real en un momento de tu vida en que todo es de la menor importancia, salvo encontrar tu cambio o tu camino o tu alma o yo que sé...), has perdido de vista a todo el mundo y estás solo.
Pero toda historia tiene su giro argumental. La mía se resume en esto: Todo empieza a cobrar algo de sentido al final de verano, algo sucede siempre, algo importante o que a ti te lo parece y crees que tu vida puede tener una salvación más digna de lo que pensabas y empiezas a saborear algo de lo que los demás ven o sienten en esa época del año, y entonces es cuando quieres todo el tiempo del mundo, lo necesitas, para el cambio, sabes??, el cambio del que te hablo...y entonces en ese momento todo vuelve a perder importancia por que ya todo es demasiado real, y eso no me gusta. El tiempo equivocado, no sé, algo así. Ves palacios de una belleza incalculable desde tu pequeña fortaleza de cartón, bajo el puente. Y ya no puedes ir, se ha pasado el tiempo. Por qué nunca han empezado los veranos con la misma energía con la que te terminan? Porqué coño estoy escribiendo esto a las doce menos cuarto de la noche de un domingo infernal cuando en realidad estoy muerto por verte...
Es el tiempo, que se ha equivocado otra vez... bueno, no se ha equivocado, me ha engañado, como siempre...