sábado, 13 de noviembre de 2010

John Wayne no bailaba, apenas sabía caminar.

A veces me pregunto si al final de mi vida hallaré, como tantos otros, el descanso mental al decir, con voz de moribundo: "mi vida ha valido la pena". Aunque el descanso no sería tal si la frase fuera analizada: pena. No quiero que mi vida valga la pena ser vivida, quiero que valga la alegría ser vivida, o algo así...
Mantengo con firmeza, cual profeta su bastón, que sólo estamos aquí para ser usados y tirados, en realidad no hay ninguna ley que entre en vigor en el centro de tu corazón en el instante en que este empieza de nuevo a bombear, y que lo vaya reajustando diariamente para que siempre esté en perfectas condiciones y rinda tanto para ti como para los demás. Además, si la hubiese, habría que romperla, tal vez, o buscarle los fallos, que seguro que tiene millones. 
Estoy en principio de mudanza, otra vez... la vida, que da mil vueltas, pero está bien, me gustan los cambios y las dudas... Cuando uno empieza a empaquetar mentalmente todas sus posesiones se da cuenta de la mítica frase de los padres de algunas chicas que pasaron por nuestra vida: "búscate un trabajo decente". Es así de patético, pero, joder, esas frases me llenan la cabeza y la vacían de algunas ilusiones, lo sé, no tienen importancia, pero qué tiene importancia. Millones de cajas de libros y millones de cajas de discos, guitarras, pianos, películas, tres euros de la mesilla de noche y una perra. Dáselo a un banquero y que disfrute, me digo en voz baja mientras me hago los pimientos fritos.  
Eso, que mi vida, que tendrá un final prematuro, espero, está llena de alegría, de eso estoy seguro. Y sí, a veces merece la pena, pero no me gusta esa frase. 
Estoy construyendo un artilugio de hojalata, consiste en un cilindro hueco adherido a un temporizador de sentimientos, este cilindro me lo introduzco en la cavidad anal, por que no tengo otro orificio que no necesite de cirugía para esos menesteres. El fin de este artilugio, todavía un prototipo, será para que las cosas que emocionan duren más y pueda volver a vivirlas una y otra vez con la misma ilusión de crío que al principio de presentarse. Sigo trabajando en ello. Si me veis andar como John Wayne, podréis decir: "Mirad, ese tío, ahora es el más feliz del mundo".

1 comentario:

elcefiro dijo...

Siempre vi algo raro en el andar del bueno de John pero nunca imaginé que... en fin.